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Juana, tos los porros te los fumas (capitulo 1)

Posted by Rufo en 11 junio, 2005

Ahora que “está de moda” (mi hermana la hace esta semana que entra), contaré como fue mi selectividad. Creo que es una historia lo suficientemente interesante como para molestarme al menos en escribirla. Siempre ha habido escarceos con los profesores y siempre los habra, todos hemos tenido uno o más de uno. Este, es el mio.

Bien, me voy a remontar brevemente unos años atras. Yo era un alumno de los buenos (muy vago, pero sacaba buenas notas). El caso es que en matematicas era especialmente bueno… hasta que llego un profesor, Eulalio. Toda una personalidad, una historia larga y tambien digna de contar, aunque no es en la que me quiero entretener ahora. El caso, es que lo tuve por dos años (4º de ESO y 1º de Bto), años en los que no aprendí nada de matematicas. Ni ecuaciones, ni derivadas, ni diferenciales… El caso, es que al llegar a segundo de Bachillerato, el nivel que nos metieron de matematicas fue supremo. Lo asimilaba a duras penas. El caso es que yo resolvía los problemas, veía las ecuaciones y las entendía, pero llegados al examen, yo no era capaz de expresar convenientemente los desarrollos, a pesar de acertar las respuestas. Juana, la profesora que tuve ese año, me suspendia por ello una vez detras de otra.
Juana, bueno, menuda prenda, era una mujer de unos 60 años, al parecer vivía sola con su madre, se habia quedado soltera, y en especial no era agraciada fisicamente. Era ademas una mujer recta, de estricta educación religiosa, y una persona que además arrastraba gran inseguridad en si misma. Un personaje, sin lugar a dudas, al que en cualquier caso le teniamos bastante respeto.
En fin, a lo largo del año fui evolucionando, ya lo creo, cada examen sacaba medio punto más, un 2, un 2,5… al llegar la primavera conseguí aprobar uno…
El caso es que por entonces fué cuando hicimos el viaje de fin de estudios a París. Multitud de gamberradas, multitud de historias y un video con mi cámara recien comprada que sirvió para todos de recuerdo excepcional. Bueno, el caso es se nos quedó una frase, no recuerdo ni quien la soltó pero la repetiamos constantemente para hacer la gracia. La frase era “todos los porros te los fumas”. Una frase absolutamente inocente, sin ningun matiz agresivo-ofensivo.
Un dia como cualquier otro, haciendo el penco en los descansos entre clase y clase, la gente se ponia a hacer el gilipollas en la pizarra, a tirarse las tizas… Estabamos alli, tres o cuatro, uno escribia una cosa, el otro la borraba, uno ponia un chiste, o un dibujo de una polla, lo típico. Yo puse la frase de moda, “tos los porros te los fumas”, y alguien escribiría algo, medio se borró, y quedo la palabra “…Juana…”. Asi, quedaba “Juana, tos los porros te los fumas”
Juana llegó en ese momento. Nos sentamos, abrimos libros, y de golpe alguien lo lee, dice “ostiaa..!”, Juana se dio la vuelta, lo vimos todos, y entonces se hizo el silencio…
La cara que puso la juana pasó a la historia. Mas que rabia, o histeria, vi dolor en su rostro. En ese momento yo ya tenia la sangre helada. Entonces con gran indignación, miró a toda la clase, y dijo, en voz baja y tranquila: Quien ha escrito esto.
Silencio sepulcral. De nuevo: Si no sale a la luz inmediatamente quien lo ha escrito, -suspendo a todo el mundo-. El tono, os lo aseguro, era para tomarla muy muy en serio…
Asi que, le eche cojones, y salí. Me miraron todos, como diciendo ¿Rufo?¿el buenazo de Rufo?
Lo borré, y Juana me dijo: -Vale.
Menudo vale me dijo, chavales…. Me senté de nuevo, acojonado. Por suerte alli tenia a Pili, una buena amiga, para decirme lo valiente que habia sido por salir y decirme que no me rallara más, que no habia sido nada.
Por supuesto, al acabar, salí detras de Juana, para disculparme, expresarle mi pesar e intentar explicarle el malentendido. No era mi intención quitarle hierro al asunto, desde el principio fui consciente que algo tan ubicuo e ingenuo como un porro era explosivo si se vinculaba a una personalidad-educación como la de Juana. Al acercarme e intentar disculparme, ahora solos y apartados, me contestó con un gran desaire “¿Por qué me tienes que ofender asi? ¿por qué me tenias que decir eso? ¿no te he respetado? ¿no os he respetado a todos?
Yo confiaba en que tú eras una buena persona…”

Siguiente examen. Un 1. Final del trimestre. Un 1. Examen de recuperacion. Un 1. Rufino, suspenso en Matemáticas. Aun queda la evaluación con los profesores. Algunos, que me tenian algo de estima, intentaron convencerla. Fué imposible. Mi padre, que fué profesor en ese mismo instituto, y conservaba amigos (un poco de enchufe, hay que reconocerlo), habló con ella. Nada. Suspenso en Matemáticas. Rufino, hijo de Rufino el profesor, no iría a Selectividad junto a sus compañeros. Debería de aprobar aún en Septiembre y esperar a entonces a hacerla.
Sobra decir, que desde el incidente y hasta el final, estudié matematicas como un cabron, y esos examenes estaban más que aprobados. Aun me quedaba el verano…

::Sigue aqui::

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